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Padre Francisco García Huidobro fue distinguido por el Alcalde Sabat como “Hijo Ilustre” de la comuna

Por los 9 años en que sembró una semilla de espiritualidad y guió a los ñuñoínos en la senda de la fe, la Municipalidad de Ñuñoa decidió otorgarle la máxima distinción que se merece el “Padre Pancho” –nombre que se ha ganado por parte de todos sus seguidores y fieles- entregándole el nombramiento de “Hijo Ilustre” de la comuna. La proposición del alcalde Pedro Sabat fue planteada al Concejo Municipal en la sesión del pasado 3 de febrero y fue acogida de inmediato en forma unánime por los concejales.

La ceremonia oficial de distinción que se realizaría el pasado sábado 27 de febrero, tuvo que ser suspendida a causa del terremoto que afectó a la zona centro sur de nuestro paìs. Por esto, este domingo 14 de marzo en emocionante misa de 12 que se efectuó en esta oportunidad en el sector de Plaza Ñuñoa sur, el alcalde de la comuna, entregó la distinción al padre Pancho prometiéndo que "se trabajará incansablemente para levantar esta parroquia (Nuestra Señora del Carmen)y que mi sueldo de edil del mes de marzo, lo entrego para el arreglo de nuestra querida iglesia de Ñuñoa. Recuperaremos nuestra parroquia y cuando eso ocurra Ud. vendrá a recibir las llaves de esta, su casa de Dios", señalò emocionado el alcalde Sabat.

En la ocasión, el alcalde Sabat destacó la labor pastoral del sacerdote en nuestra comuna y su enorme entrega a la comunidad, resaltando el apoyo que siempre brindó a todas las actividades municipales. Como agradecimiento y a modo de recuerdo, le hizo entrega además, de un presente consistente en un hermoso par de candelabros de plaqué.


El Padre Pancho: con su corazón inundó el de los ñuñoínos.

Nacido en Santiago el 16 de julio de 1935, fue el mayor de 5 hermanos. Hijo de un longevo Francisco García-Huidobro Steel de religión budista por largos años de su vida, y de Gabriela Barros Moreira, mujer amable, tierna y de sentido práctico y de quien el Padre Pancho obtendría la humildad y siempre buena disposición para todo aquel que lo abrazara con una interrogante personal. Se crió y creció en los alrededores del Estadio Francés, curioseando, intruseando y cicleteando; subiendo cerros en Pirque, San José de Maipo, Farellones y los alrededores del San Cristóbal.
¡Siempre con alegría de vivir y servir! Bueno para los deportes y para criar conejos, una de sus pasiones.

Su tiempo escolar lo vivió en el Saint George, años de colegio en que conocería el Movimiento de Schoenstatt. A los 17 años de edad cambió su vida y el joven recién egresado de humanidades, ingresa al seminario de los Padres Palotinos, el 22 de marzo de 1953, recibiendo el Hábito de manos de su gran amigo y padre espiritual, Emilio Tagle Covarrubias.

Viajó a estudiar a Europa, en tren hasta Buenos Aires y luego en barco hasta el Puerto de Le Havre en Francia, para finalmente llegar a Friburgo, Suiza, donde estudió diez años sin aparatos tecnológicos que lo conectaran con su familia en Chile, sólo con el lento correo de cartas aéreas que llegaban de tarde en tarde, con alguna que otra foto en blanco y negro. Lejos de todo, de tantas añoranzas, convirtió a sus hermanos estudiantes en su familia, con los que estableció lazos profundos de compañerismo y de amistad, cicletadas por Los Alpes, duros momentos de estudio en alemán, latín, francés, italiano, inglés, teniendo momentos difíciles para distraerse de las responsabilidades pero fáciles para ponerle humor y alegría a la fraternidad que se formaba.

Es ordenado sacerdote el 17 de julio de 1960 por el hoy emérito obispo Johannes Jobst, en la Iglesia de la Congregación de la Santa Cruz en Friburgo, Suiza, regresando a Chile como Sacerdote del Instituto de los Padres de Schoenstatt -recién formado- con sotana y tonsura en la cabeza, a trabajar como asesor del movimiento en la parroquia de Carrascal.

Años más tarde, fue destinado por su amigo el Cardenal Arzobispo de Santiago, Francisco Errázuriz Ossa, a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa, en el año 2001, llegando en un momento difícil para la comunidad parroquial. El Padre Pancho, con su testimonio sacerdotal, fue sanando las heridas de su pueblo parroquial, teniendo como efecto brindar una nueva energía a su comunidad.
Innumerables son las obras que ha hecho el Padre Pancho, como arreglos al velatorio, las salas parroquiales y su obra maestra, -y que gracias a la I. Municipalidad de Ñuñoa pudo arreglar- el torreón o campanario del Templo Parroquial. Gran tiempo le costó, pero su fidelidad a este proyecto le permitió que se inaugurara el 24 de diciembre de 2009.

Su labor sacerdotal y pastoral ha sido camino más difícil que sencillo y más largo que corto. Mas escarpado que llano, y mas solitario que acompañado. Sin embargo, siempre su entrega ha sido radical, su entusiasmo y alegría nunca han decaído; su creatividad y su tesón han tenido grandes logros.

Sus amigos dicen que ha sido un gran atleta de la vida, emulando esa imagen única del apóstol Pablo: “sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo Jesús me alcanzó primero... me olvido de lo que quedó atrás y me esfuerzo por alcanzar la meta para obtener el premio que el mismo Señor me tiene reservado”.

JTP/SJB
14/03/2010