Entre jardines, árboles históricos y edificios llenos de memoria, el campus Macul de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE) guarda una parte importante de la historia de Ñuñoa y de la educación pública chilena.

Todo comenzó en 1889 con la creación del Instituto Pedagógico, conocido popularmente como “el Peda”, durante el gobierno de José Manuel Balmaceda. Inspirados en el modelo educativo alemán, Valentín Letelier y Claudio Matte impulsaron una nueva forma de formar profesores en Chile. Su primera sede estuvo en la Alameda y tuvo como primer director al botánico alemán Federico Johow.

Con los años, el “Peda” se transformó en uno de los espacios intelectuales más importantes del país. Por sus aulas pasaron figuras fundamentales de la cultura chilena, como Pablo Neruda y Nicanor Parra, quienes encontraron aquí un espacio marcado por el pensamiento crítico, el debate y la vida universitaria abierta a las ideas.

La historia del actual campus Macul está profundamente ligada al crecimiento urbano de Ñuñoa. A fines del siglo XIX, José Pedro Alessandri Palma impulsó el desarrollo del sector tras adquirir extensos terrenos en la comuna. Más tarde, el académico Juan Gómez Millas imaginó un campus distinto para el Instituto Pedagógico: un espacio abierto, rodeado de naturaleza y pensado para la convivencia. Así nació el campus Macul, consolidado en 1949 como uno de los primeros modelos de “campus-parque” en Santiago.

El recinto rápidamente destacó por sus amplios jardines, glorietas y senderos arbolados. La entrada de avenida Macul 774 era reconocida por su edificio principal cubierto de enredaderas verdes, una imagen que quedó grabada en la memoria de generaciones completas de estudiantes y académicos.

Pero el campus no solo era un lugar de estudio. También fue un espacio de encuentro cultural, discusión política y vida comunitaria. El profesor Luis Rubilar definió al antiguo Pedagógico como un lugar “didáctico, creativo y profundamente humano”, donde conviven la educación, el arte y las discusiones sociales que marcaron gran parte del siglo XX chileno.

Tras el golpe de Estado de 1973, la historia del campus cambió drásticamente. La dictadura transformó el Instituto en la Academia Superior de Ciencias Pedagógicas y modificó profundamente su identidad. Se eliminaron las emblemáticas enredaderas del edificio central, se destruyeron espacios de encuentro estudiantil y el histórico “Peda” pasó a llamarse “Campus Lircay”, en medio de un fuerte proceso de intervención militar.

Aun así, pese a las transformaciones y cicatrices del pasado, el campus Macul logró conservar gran parte de su memoria histórica y paisajística.

Hoy, la UMCE sigue siendo un espacio donde conviven educación, patrimonio y naturaleza. Sus jardines, árboles históricos y el jardín botánico que aún permanece en el recinto funcionan como un testimonio vivo de la historia de Ñuñoa, de la educación pública chilena y de generaciones que encontraron aquí un lugar para aprender, debatir y construir comunidad.

Entre las especies que forman parte de este patrimonio natural destaca el quillay, árbol endémico de Chile ampliamente reconocido por su resistencia y por las propiedades de su corteza, rica en saponinas utilizadas históricamente para fabricar jabones y champús. En la medicina tradicional también fue utilizado para aliviar afecciones respiratorias y problemas de la piel.

Otro árbol emblemático es el belloto del norte, una especie endémica y actualmente vulnerable, que antiguamente fue utilizada en construcción naval debido a la resistencia de su madera. Hoy destaca por su valor ecológico, ornamental y por formar parte de los bosques nativos del centro de Chile.

También aparece el espino, uno de los árboles más característicos del paisaje mediterráneo chileno. Adaptado a climas secos y terrenos áridos, históricamente su madera fue utilizada para artesanía, carbón vegetal y herramientas rurales. Incluso sus semillas tostadas llegaron a utilizarse como sustituto del café.

Entre los árboles nativos presentes en el campus también destaca el peumo, reconocido por su follaje verde intenso y sus frutos comestibles. Su madera resistente al agua fue utilizada en artesanía y carpintería, mientras que en la medicina popular se empleaba para tratar distintas dolencias. Su presencia aporta sombra y continuidad vegetal a los jardines históricos de la UMCE.

En sectores más húmedos y protegidos aparece el chilco, arbusto de flores rojas y moradas que históricamente fue utilizado para obtener tintes naturales y preparar infusiones medicinales. Sus frutos dulces, conocidos popularmente como “chanchitos”, fueron consumidos por pueblos originarios del sur de Chile. Además, sus flores ayudan a atraer aves e insectos polinizadores, fortaleciendo la biodiversidad del campus.

Hoy, todas estas especies forman parte del paisaje vivo de la UMCE. Más allá de su valor ornamental, ayudan a regular la temperatura, entregan sombra, generan refugio para aves y mantienen viva la conexión entre patrimonio, naturaleza y memoria en uno de los espacios educativos más importantes de Ñuñoa.